«Aprended estas 20 palabras para la próxima clase».
¿Alguna vez has puesto esta tarea a tus alumnos y luego te ha decepcionado comprobar qué pocas de esas palabras eran capaces de usar en la clase siguiente? Si es así, no eres la única persona a la que le pasa. Es un deber muy habitual, y suena sencillo.
El problema es que «aprender una palabra» suele tratarse como una sola tarea, cuando en realidad implica varias habilidades distintas:
- reconocer la palabra al verla
- entender su significado
- recordarla sin pistas
- escribirla y pronunciarla correctamente
- recordar su género u otros rasgos gramaticales
- usarla con naturalidad en una expresión o una frase
Un alumno puede reconocer las 20 palabras en un ejercicio del libro y, aun así, ser incapaz de producir la mitad una semana después.
¿Significa eso que no estudió lo suficiente? No necesariamente.
Las listas de vocabulario pueden crear una ilusión de progreso. Reconocer una palabra da la sensación de conocerla, pero reconocerla es mucho más fácil que recordarla cuando de verdad la necesitas.
Así que quizá la pregunta no debería ser «¿Cuántas palabras han aprendido mis alumnos?».
Debería ser: «¿Qué son capaces de hacer realmente con estas palabras?».
